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Como la mayoría de las cometas latinoamericanas, planas de colas,  lo son las antiguas cometas de los países orientales.  No es una teoría, pero el hecho que estas cometas sean parecidas nos permite pensar que entraron a América por el Este antes que los Españoles.
 
 
   
 
La tradición de las cometas en Colombia está muy arraigada en la gente.  Hace algunos años, cada niño y joven volaba su cometa.  Especialmente los niños, ya que esto significaba ir hacia los montes a conseguir los materiales y luego hacia los espacios abiertos a volar las cometas.  Se suponía que las niñas se quedaban en casa jugando con muñecas.
 
   
 
Ultimamente aún podemos ver los barios llenos de cometas blancas hechas con los cuadernos viejos al final del año escolar. Durante los meses de cometas se puede ver cometas por todas partes, se puede comprar una cometa en la calle y volarla con muchas personas, especialmente niños.
 
   
 
Hoy esta tradición ha ido cambiando ya que la situación social también lo ha hecho. Los hogares son más pequeños y los niños no tienen espacio para construir una cometa.  Ambos padres trabajan y los niños no tienen permiso para salir solos.
 
   
 

Y la última y más importante razón es la competencia con la TV.  La recreación infantil es hoy muy pasiva y la TV y el computador son más fascinantes que salir a volar una cometa.  Yaripa está trabajando por esto dictando talleres para los niños y vendiendo los materiales para construir una cometa.

 
   
 
Desde que Yaripa existe, hay cometas volando en Medellín todo el año;  le hemos enseñado a la gente que una buena cometa puede volar en vientos suaves y fuertes.  Las cometas que se hacían hace un tiempo eran buenas para vientos fuertes, es decir para los meses de Febrero y Agosto, por lo tanto estos meses aún son llamados MESES DE LAS COMETAS
 
   
 
También existe una costumbre que sorprende a los amigos internacionales que han venido a Colombia.  La gente colombiana no tiene un lugar especial para volar.  Volamos en todas partes, en las calles, cerca de los aeropuertos, cerca de las líneas de conducción eléctrica, entre los carros, cerca de los árboles y los edificios.
 
   
 
Cualquier pequeño espacio es suficiente para volar.   Algunos colombianos son considerados como excelentes voladores, y la razón es la habilidad para volar bajo cualquier condición y en cualquier lugar.
 
   
 
Una característica significativa acerca de las cometas y los cometeros latinoamericanos es que tenemos vientos raros. En las montañas de los Andes, el viento no es estable, viene de montaña en montaña, algunas veces fuerte, algunas veces suave.   Esto hace que el cometero esté siempre alerta y listo a volar en cualquier condición.
 
   
 

Hace algún tiempo nos encontramos unos adultos volando cometas.  Era algo nuevo en la ciudad y en el país, ya que las cometas son consideradas como un juguete simple para niños y niñas, especialmente los niños ya que las niñas se suponía que jugaban con muñecas. Estos adultos comenzamos a volar en diferentes lugares.

 
   
 
El primero de ellos fue un prado público cerca de un conjunto residencial privado. Ya que las cometas que volábamos eran algo nuevo en la ciudad, mucha gente se reunía alrededor de nosotros, situación que no fue muy bien vista por los habitantes de los apartamentos; así que ellos transplantaron árboles grandes para alejarnos de su patio posterior.   De esta experiencia aprendimos mucho acerca de convivencia y derechos cívicos
 
   
 
El segundo lugar que elegimos fue EL VOLADOR.   Una pequeña colina en la mitad del Valle de Aburrá, donde Medellín está situada, con 108 hectáreas de pastos.   En este momento, tenía problemas legales ya que había sido una herencia legada a la ciudad.
 
   
 
En la parte baja hay aún un barrio que en esa época era ilegal y considerado como el más peligroso de la ciudad.  Cuando uno está volando desde arriba, se puede ver cuando la gente sube desde ese barrio.
 
   
 
Durante los primeros encuentros con los jóvenes y niños de este barrio tuvimos miedo cuando ellos se nos acercaban ha hacer preguntas acerca de las cometas, las cuales contestábamos con pavor;   así mismo, ellos nos pedían prestadas las cometas y se las prestamos.  Pero semana tras semana, aprendimos que esta gente no era lo que la ciudad nos decía que eran;    ellos se convirtieron en buenos amigos nuestros.  Gente que aún vemos, que hoy son adultos estudiando y teniendo una vida normal.
 
   
 
Simultáneamente se descubrieron restos arqueológicos y urnas funerarias en El Cerro el Volador y se conoció que los indígenas Aburráes utilizaron este cerro como cementerio.  Es por esto que también es un lugar mágico donde con mucha frecuencia se ven águilas volando libremente.
 
   
 
El cerro no tiene ninguna construcción en la cima, solamente en su base.   Está en la mitad del valle,  así que debería ser un pulmón para la ciudad.   Se dice que tenía quebradas y muchos pájaros.  Hoy es muy árido y con muy poca vegetación.
 
   
 
Comenzamos a reforestarlo y mantenerlo como un pulmón ambiental pero ha tenido muchos incendios y problemas legales que ha impedido un buen resultado.  Hoy ya tiene iluminación, carretera, unas pequeñas tiendas y baños sanitarios.   El permiso para subir en automóvil es restringido aunque a pie no hay problema.
 
   
 
Cuando nos dimos cuenta de todos los aprendizajes adquiridos por medio de las cometas, decidimos organizarnos legalmente y no seguir como un grupo de amigos volando cometas durante los fines de semana, usando el medio ambiente y el viento para nuestro propio placer.   Luego de 10 años de volar por nuestro propio goce nos organizamos para trabajar por la gente a través de la educación.  Esta es la razón por la cual nuestro cumpleaños real es 1990, pero la fecha legal de nacimiento es 1983.